Por afuera había muchas nubes, muy blancas, corría un aire penetrante, húmedo y frio.
Por dentro, se veía como los arboles pasaban; como todo quedaba atrás. Casi sin emitir sonido el tren se movía veloz sigilosamente por entre la niebla, tenía una apariencia muy clásica a pesar de ser de los más nuevos. Los asientos eran de cuerina ocre, era muy blanda. Las luces del vagón todavía estaban apagadas, la somnolencia estaba impregnada en el dia.
Era temprano, estaba amaneciendo, sin embargo el sol no iba a salir, solo empezaba a hacerse la luz detrás de las inescrutables nubes y él ya había despertado; los días así le hacían sentirse muy bien, sobre todo porque le encantaba como se veían las cosas bajo esa luz pálida, azulada y suave que entraba por la ventana y los iluminaba. El frio no lograba deprimirlo. Solo lamentaba no tener su cámara a mano, después de todo era alguien que disfrutaba mucho de la esteticidad de las cosas.
Él miraba hacia afuera pensativo; su barba estaba un poco descuidada; tenía puesto un sweater azul francia escote en ve y una camisa negra. Ella llevaba una campera suave y holgada, estaba dormida, con su cabeza apoyada en el pecho de él, como buscando inconscientemente su calor, su terso cabello le cubría el rostro y allí había estado desde el accidente; él la abrazaba, para él ella siempre estaba hermosa.
Se quedó ensimismado observando su cabeza e involuntariamente se formaba una sonrisa en la comisura de sus labios, el conocía el pasado y lo imposible que esto le hubiese parecido antes, por fin él estaba tranquilo y podía pensar en los dos, lo que había sido un tormento tanto tiempo ahora le traía una paz infinita, pensaba en que ella le amaba, simplemente tener esa certeza lo hacía feliz. Podía sentir su olor, su respiración, su calor, su peso y lo disfrutaba tanto, solo la acariciaba como si fuera lo más valioso y delicado del planeta, y de hecho, para él lo era.
El viaje seria largo, estaban escapando; de los prejuicios, de las personas, de la realidad, de la oposición a un amor incondicional. ¿Era acaso incorrecto sentir desmedidamente?
A él le habían dado una beca después del primer año y con eso y su nuevo trabajo nocturno les alcanzaría para que vivieran los dos.
La vida los había golpeado muy duro esta vez, era hora que algo mejorara, para no enloquecer.